Al interior de la Región de Arica y Parinacota vive un reducido y muy especial grupo de chilenos. Ellos pertenecen a la primera localidad del país que funciona 100 por ciento con energía solar, lo que definitivamente ha revolucionado la vida en el pueblo. Antes sólo hacían charqui. Hoy pueden refrigerar la carne, tener celulares y chatear por whatsapp.

Llegar a Esquiña es complicado. Se avanza por un angosto camino de tierra, sin señalética y muchas curvas cerradas. A ratos hay que bajar de la camioneta y remover pesadas piedras para poder seguir. Cuando un auto viene en sentido contrario, uno de los dos debe retroceder hasta encontrar espacio para ambos vehículos. Todo cuesta.

El poblado se ubica 137 kilómetros al sur oriente de Arica, en la comuna de Camarones. Es una zona muy aislada, que gran parte del verano queda incomunicada por las copiosas lluvias del llamado “invierno boliviano”. Recién el año pasado, una micro comenzó a hacer viajes al sector, miércoles y domingo, y  una vez al mes, reciben la visita de dentistas y médicos.

Según datos oficiales, en Esquiña viven 120 personas en 24 casas. Sin embargo,  sólo siete familias (25 habitantes) realmente hacen patria en el lugar. “El resto se movió con subsidios para tener casa, pero no viven aquí. Vienen sólo para las fiestas”, cuenta Adelaida Castro (61), la primera mujer que suele recibir a los visitantes. Ella tiene un pequeño almacén y es auxiliar en la única escuela de este pueblo.

Esquiña, sin embargo, aparte del cariño de su gente, tiene otra gracia: hace pocos meses pasó a la historia como la primera localidad de Chile que se abastece 100 por ciento con energía solar, las 24 horas del día.

Sobre el techo de la sede social se instaló la planta fotovoltaica. Y el pueblo vivió una verdadera  revolución. Antes, sus habitantes contaban con sólo dos horas diarias de electricidad a base de petróleo, las que se usaban únicamente para iluminar sus viviendas. Hoy, la comunidad está disfrutando, por primera vez, de acciones tan comunes como ver televisión a cualquier hora, tener refrigerador o revisar Facebook.

La misma Adelaida muestra su casa. No hay nadie, pero el televisor está encendido. Están dando Buenos Días a Todos. TVN es la única señal que llega. “Es tan nuevo todo esto que siempre dejamos la tele prendida. Es bonito. Nos ha cambiado la vida en todo sentido”, comenta.

La metamorfosis cultural que ha vivido Esquiña se refleja en varios aspectos. Por ejemplo, antes, la carne la convertían en charqui para que no se descompusiera. Hoy, todos cuentan con refrigerador y la pueden conservar. “Ahora podemos guardar la mantequilla, el queso y dejar comida cocinada de un día para otro”, agrega Adelaida. Ella termina haciendo de guía turístico y acompaña a los foráneos a la escuela. Es un establecimiento internado que sólo llega hasta sexto básico y cuenta con nueve alumnos, que son educados por el único profesor del recinto, Joel Cáceres. Es uno de esos docentes con vocación, que dejó su natal Arica para vivir en Esquiña y colaborar con los niños.

“Los alumnos están felices. El simple hecho de encender un computador en la sala de clases ya es emocionante”, cuenta Joel. En proporción, la escuela de Esquiña es la que tiene más computadores en Chile: cuenta con 15 notebooks para nueve alumnos. “También tenemos tablets, Pero no me servían de nada ¡No teníamos luz! Yo decía para qué el ministerio nos envía tanto aparato si no tenemos electricidad”, sostiene el docente.

Hoy, los estudiantes encienden los notebooks y manejan programas como Word, Excel, Paint y los juegos como si los conocieran de toda su vida. Además, tienen un LCD, DVD y una pizarra interactiva.

“Las clases son más fáciles y entretenidas. Buscamos material educativo en internet o videos en YouTube y los vemos en la sala. En la noche, antes que los niños se vayan a acostar, pueden ver películas. Antes se aburrían”, dice el docente.

Después de la clase de inglés, los alumnos están en su tiempo libre. Unos están viendo la película Las Estrellas Alcanzar, otros juegan en el computador. Mientras, Sonia Calle, de quinto básico, chatea por whatsapp con su mamá, que está en Iquique por trabajo. “Es entretenido porque jugamos y también nos comunicamos con más personas”, comenta la menor.

El cambio tecnológico ha sido radical. En sólo dos meses, la mayoría de los habitantes se compró teléfonos inteligentes para contactarse con sus familiares a través de las redes sociales. Antes, la única opción que tenían era por radio con la Defensa Civil de Arica. Y sólo en caso de emergencias.

La escuela, en todo caso, es el único lugar del pueblo que tiene WiFi. “La señal es lenta y no tiene mucho alcance, por lo que se ha hecho una rutina que todos los días, a eso de las 21 horas, lleguen las personas al colegio con sus celulares para ponerse a chatear”, cuenta Cáceres.

En eso, Adelaida Castro, la “anfitriona”, se va. “Tengo que ir a servir el almuerzo y ver las noticias”, cuenta. Son las 13.30 y en Esquiña el sol pega tan fuerte que no hay duda de que su energía seguirá alcanzando para todos.

Fuente: http://www.latercera.com/noticia/el-pueblo-donde-recien-se-hizo-la-luz/